Rosa Zapeta Osorio, nació el 31 de octubre de 1963 en el Cantón Xatinap I en Santa Cruz del Qiché.
Conoció nuestra Congregación en el grupo juvenil y en los encuentros vocacionales que animaba una de nuestras hermanas cuando se abrió la comunidad en septiembre de 1983 poco después de finalizado el conflicto armado que abatió esta área del país. Años después ingresa a la Congregación y luego de sus años de formación juntamente con otras compañeras hacen su Primera Profesión el 03 de diciembre de 1995 en la Parroquia Preciosísima Sangre zona 18 de la ciudad de Guatemala.
Durante los años de Juniorado estudió la profesión de enfermería, servicio que ejerció por muchos años tanto en la parroquia de Chicamán, Quiché como en el Naranjo Frontera, Petén, donde vivía actualmente desde hace 15 años. Así mismo, estuvo en la misión de la comunidad de San Juan Sacatepéquez, Gonaïves Haití y Beltrán en Santiago del Estero Argentina.
Además de la atención en salud se dedicó a acompañar a los catequistas de Sacramentos de Iniciación, esto le abrió paso para acercarse a muchos niños, jóvenes, familias y aldeas, algunas muy lejanas, pero sin escatimar la distancia, algunas veces se transportaba en moto, a caballo o caminando en este basto territorio de la parroquia San Pedro Apóstol en esta área de Petén.
Después del retiro anual y una visita a su familia en Quiché, regresa al Naranjo y en espacio de 4 meses su salud fue deteriorándose, regresando a Guatemala para una serie de chequeos y tratamientos que no dieron el resultado que todos esperábamos. El plan de Dios era otro, fue así como el día 02 de abril del presente año partió a la casa del Padre.
Muchas personas que la conocieron ya sea por atención en salud, como por su servicio en la catequesis lamentan su inesperada partida, pero agradecen a Dios por haberla conocido y expresan su sentir de haber experimentado a través de ella la cercanía de Dios que les sanó, animó y acompañó cuando más lo necesitaban.
Aunque echamos de menos su presencia y su servicio, sabemos que comparte ya junto a quienes nos han precedido, la dicha de gozar la promesa de Jesús de una vida plena para los que lo aman y poder contemplar su Rostro tal cual es.
Con fraternal cariño.
Hermanas de San José de la Aparición, su familia y quienes le conocieron le decimos.
¡Gracias por su vida entregada al servicio de Dios!